Roraima, madre de todas las aguas

El tepuy más emblemático del Parque Nacional Canaima, atrae turistas por su majestuosidad, pero pese a esfuerzos de indígenas y activistas ambientales por preservarlo, corre inminente riesgo ante las ansias depredadora de los buscadores de piedras preciosas.

Vanessa Ríos

Redacción El Mangazo Web| La figura imponente del tepuy Roraima hace que más de un excursionista se sienta aminorado al estar en los pies de la prominencia, pero también logra que muchos otros al llegar a su cima -que parece la cima del mundo- padezcan la inmensidad del paisaje, olvidando el agotamientos de sus músculos y la fatiga de su cuerpos.

Este componente rocoso se encuentra en el Parque Nacional Canaima, ubicado en el estado Bolivar de Venezuela, muchos de los locales apodan a la meseta “madre de todas las aguas”, un nombre dado debido a que desde su cima caen numerosas cascadas de agua, que forman varios ríos que fluyen hasta el Orinoco, Esequibo y Amazonas lo más grandes de todo el país. 

Jorge Daniel Leal un joven que ha dedicado su vida a recorrer toda Venezuela, aventurándose en lugares como el Parque Nacional Mochima, el Pico Mucuñuque, Cerro Santa Ana y finalmente el Roraima, donde trabaja como guía, subiendo 12 veces el tepuy. La primera vez que Leal subió a Roraima fue acompaño con grupo que hacía el tour denominado Mochileando hasta Canaima.

“Roraima también conocido como el mundo perdido, ya que el que sueña subirlo, no sabe, ni tiene la mínima idea de lo que se va encontrar en la cima, y eso no lo verá en ningún lugar del mundo, porque la tranquilidad, la formaciones rocosas, la fauna; compartir con los pemones y los miradores es algo impresionante, es algo que te hipnotiza”, expresó el guía turístico. 

Roraima, madre de todas las aguas
Formaciones rocosas del tepuy, adornadas con la vegetación de tonalidad áspera y amarillenta de las alturas. Fotografía: Vanessa Ríos Vega.

Desde lo pies hasta la cúspide del mundo 

Jesús Galíndez, guaro de nacimiento y venezolano de corazón, sentimiento que le ha valido para aventurarse como guía en Roraima, asegura que el recorrido hacía la cumbre del tepuy es muy extenso y agotador, toma tres días enteros que se dividen en caminatas, además de descansos prolongados para los menos experimentados. Este tiempo se puede postergar dependiendo del estado físico y mental de los visitantes, también de la cantidad de peso que llevan consigo.

Galíndez explicó que la caminata comienza desde la comunidad indígena Paraitepuy, la ruta para llegar al pie de la montaña es muy exigente debido a su irregularidad del camino, empinaduras, enormes rocas, un trayecto muy largo hasta llegar al campamento Rio Tök, donde se puede apreciar mejor los tepuys.

“Al llegar al campamento base se comienza la ardua tarea de subir el Roraima. En promedio se tardan cuatro horas para llegar a la cima, algunos que son profesionales en escala de éste tipo, solamente tardan hora y media o dos. Es un reto, debido la gran implantación y los escombros sueltos”, explicó.

Galíndez asegura que al llegar a la cumbre se puede sentir la desconocida voz del frío, porque se empieza a padecer la xerostomía o síndrome de la boca seca, aunque la levedad te indique que fuiste recibido por los dioses. En la cúspide se encuentran unas enormes piedras con formas de divinidades, que abren sus brazos para los recién llegados.

Un turismo más que alegre, preocupante

En los últimos años, muchos turistas de la geografía mundial llegan para subir la hermosa vertiente, siendo el décimo tour más concurrido de América Latina y convirtiendo a Roraima en la cuna del turismo.Muchos amantes de ésta belleza natural se han unido para conservarla tan limpia como al principio, porque el aumento desmesurado de visitantes obligó a los funcionarios de Inparque a mantener un control sobre los desechos sólidos que que suben y bajan del tepuy.

Las mismas comunidades conformadas por guías y pemones cuidan que los turistas no dejen cuerpos indebidos, así como también, evitan que no roben la belleza natural, como pasa con los bellísimos cristales de cuarzo y las piedras hermosas que se encuentran en el piso del santuario natural.

El director de Venezuela Verde José Manuel Silva , comenta que debido a la crisis del país el número de turistas que frecuentan el Parque Nacional Canaima, notablemente han bajado, pero la explotación de la tierra no ha cesado. “Es un país sin ley, la extracción minera y la deforestación no tiene control, los mismos órganos del Estado están involucrados”, denunció Silva.

Roraima, madre de todas las aguas
Monte empinado del tepuy que inspiró a Sir Arthur Conan Doyle a escribir su obra homónima El mundo perdido. Fotografía: Vanessa Ríos Vega.
 El profesor de turismo Jorge Eduardo Balza, alude que existe una sobre explotación de turística en los tepuys. “Roraima no tiene la capacidad de aguante para la cantidad de personas que llegan, o sea, hay una sobrepoblación de la gente que sube el Roraima”. También menciona que estas consecuencias empiezan a notarse, porque algunos de los ríos se encuentran contaminados. Los resultados más graves se notarán en poco tiempo, dependiendo las medidas que tomen los pemones.

“En el Roraima están bajando y están sacando los cuarzos, hay lugares donde se encuentra mucho cuarzo, y existe gente que se lo roba y se los trae encaletados, lo están destruyendo. A pesar de la labor de Inparque, quienes revisan a los aventureros cuando bajan el Roraima, la gente se las ingenia para robarse los cuarzos, pero sin lugar a dudas, el mayor riesgo que tiene el tepuy es la sobrepoblación y la contaminación” señaló Balza.

Roraima, madre de todas las aguas
Vegetación y formación rocosa de Roraima, la tierra de los dioses. Fotografía: Vanessa Ríos Vega.
Algunos consideran a Roraima como la tierra perdida, en cambio, otros no lo creen así, sino que es el resto del mundo quienes se pierden desde su cima y sólo los que alzan su cabeza para respirar la pureza emanada de las deidades podrán encontrarla. Sin embargo, se está sujeto al riesgo que trae consigo la sobreexplotación de ésta tierra de santos, tanto para los indígenas que todavía le habitan y para algunos venezolanos de raza.

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