Reporte de un tóxico intento por vacunarse

Anudados a la incertidumbre, gran parte de los venezolanos empieza a molestarse porque no les permiten aplicarse su vacuna contra la difteria, mientras que otros terminan resignados y sin oportunidad, ante la desidia de ganarle una batalla más a la muerte.

Redacción El Mangazo Web| Un fondo verde relativamente claro desdibuja el escenario, sucio y manchado acoge en sus pasillos a las embarazadas, los médicos residentes, los enfermeros y la seguridad, que ahora está conformada por un gran equipo de longevos milicianos que después de tantas prácticas castrenses terminan de simplones porteros en el Hospital Dr. Miguel Malpica de Guacara.

Pasa el médico epide miólogo residente, saluda a una mujer alta que esperaba para vacunarse contra la difteria, se marcha. Pasa una especialista en ginecología, vuelve a saludar a la misma chica de morado que espera junto a las embarazadas, que anteriormente había hablado con las enfermeras del departamento de inmunización para que le apliquen la vacuna, explicando que forma parte del personal de salud, las colegas accedieron… y mientras aguardan a tan sólo unos centímetros de la puerta, sentadas en unas incomodas sillas, un joven de una guapura regular saluda a Marta, la enfermera con sobrepeso que aplicaba las vacunas; cariñoso y empalagador, adula a la profesional –que demostró no ser tan profesional- y ésta le dice: «¡Ay! ¡Hola! Sí, mi amor leí tu mensaje, espera un poco», y cómo no esperaría si tenía a quién le solventara el problema que muchos empiezan a tener, luego de que la población carabobeña alarmara a la comunidad nacional con un brote de difteria que según las declaraciones directas del ministerio de Salud, no afectaron mayor parte, porque ni era emergencia, ni el tratamiento que se le había dado a los casos contagiados de la enfermedad era el adecuado, aunque como prevención suministraron 9.000 vacunas para priorizar en las jornadas nacionales a pequeños y mujeres embarazadas.

La muerte de una mujer y un adolescente de 17 años que residían en la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (CHET) alarmó a la comunidad, una niña de 22 meses y el fallecimiento de dos bebés contagiados de la enfermedad preocupó a la ciudad de Maturín; 17 casos confirmados y 35 sospechosos angustian a los merideños, 123 casos registrados en la investigación anual de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y 447 sospechosos contabilizados desde septiembre de 2016 hasta junio de 2017 atemorizan a los venezolanos, pero el ministro de Salud, Luis Salerfi López Chejade, quien estudió Licenciatura en Farmacia y también fue profesor universitario de la Universidad de Los Andes (ULA), luego de algún tiempo en las filas del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) ahora como encargado del despacho de Salud, clamó tranquilidad porque no existe ninguna emergencia diftérica, sino una matriz mediática de los medios de comunicación.

“El llamado es a la población de mayor riesgo, como los adultos mayores, las mujeres embarazadas y los niños menores de 5 años. No quiere decir que no pueden vacunarse otras personas, sólo que se hace énfasis en esta población”, aseguró el licenciado farmacéutico.

Hay quienes se mantienen al margen de lo expresado por el ministro, otros deciden acudir a los centros de vacunación y algunos como Carlos Luis, el guapo regular vestido acorde a la popularidad convencional de los típicos chamos que parecen ir a la misma peluquería y al mismo ofertón de ropa, tienen que picarle el ojito a una enfermera conocida para poder acceder a inmunizarse contra la epidemia erradicada hacía ya 25 años atrás. Quienes van a llorar pal’ valle, tienen dos opciones de supervivencia, no salir de la casa –aunque eso no disminuye el riesgo de contagio- o hacer amistad con algún influyente en el sector salud que le aplique la vacuna, y si no consigue hacer ni una ni la otra, pues deberá resignarse y mantenerse a la buena de Dios, como un gran cristiano o feligrés aferrado a la nada y a la fe.

López Chejade prefiere reservarse el número total de los casos, porque asegura que los contabilizados como sospechosos aún los están auditando y es muy probable que no den positivo, y sólo se trate de alguna que otra persona con gripe.

“Hay un número que se presenta como casos sospechosos y nosotros estamos auditando todas las fichas. ¿A qué se debo esto? A que es muy probable que a una persona con gripe la hayan apuntado con difteria y no tiene difteria, y parte de lo que estamos reforzando es que se debe tener claridad de cuáles son los casos verdaderos. Ahora por ejemplo, con este llamado es totalmente lógico que los casos sospechosos de difteria se nos van a disparar, porque estamos haciendo el llamado para que todo el que tenga una gripe sospechosa vaya al centro de salud, y si el médico tiene la más mínima duda, es preferible que lo reporte como sospechoso de difteria a que no lo reporte. Luego, pasa a una auditoría para confirmar que se trata de difteria. Entonces, una cosa es que lo coloquemos como sospechoso y otra que sea un caso positivo. En este sentido, lo que te puedo decir es que los casos positivos de difteria son muy bajos, no están por encima ni de 15%. Es decir que de cada 100 personas, sólo 15 nos están resultando verdaderamente con difteria. Y creemos que el número va a bajar, porque va a aumentar la cantidad de casos sospechosos.”, sostuvo el cordial ministro de Salud en su Desayuno en la redacción con Notitarde.

A tan sólo unos pasos de la entrada del departamento de inmunización se encuentra la morgue, que no siempre huele a flores, pero en otro tiempo cuando no estuvo quizás lo hizo, un profesional de limpieza lava las bandejas en la que reposan los cadáveres antes y después de pasar por el bisturí y el análisis médico forense, en caso de que se le aplique autopsia porque si se presumen causa de muerte obvia el diagnostico simplemente será: ajustes de cuentas, caliche de los plumíferos del oficio que lo hacen de conformidad porque tienen que alimentarse.

Frente a ello, dos personas juegan barajas mientras echan cuento de quién sabe qué carajos, cuando desde afuera logro ver a una funcionaria de Insalud que llevó a sus tres hijos para que fueran vacunados, aunque anteriormente estuvo en sala de vacunación, daba la impresión de que coordinaba el suministro adecuado de la aplicación de la inmunización, pero resultó que rogaba a la enfermera una oportunidad para que sus hijos fueran privilegiados.

En el pasillo del fondo con paredes de color verde, sucias y manchadas, pasa el carro de limpieza que empuja la señora de gorro azul, la bolsa negra guarda todos los desechos que se van dejando en cada espacio público de atención médica, a la derecha está la sala de emergencias, acorazada en una puerta que en algún momento fue blanco, hoy es amarilloso y poco higiénica; pero el deber está en atender la emergencia, sin importar que en tan sólo algunas horas después una bacteria pueda matar algún paciente.

El tumulto de personas que se aglomera en la entrada principal del recinto hospitalario desdibuja un escenario de preocupaciones, insalubridad, miedo, angustia y carencia, porque un diagnostico gratuito puede generar hasta un fulminante infarto ante la angustia desgarradora que sienten los padecidos de algún mal, cuando no consiguen los medicamentos propiciados por el Doctor, ni tampoco los genéricos, ni los más bajos y ante la crítica situación, algunos recetan nuevas fórmulas naturistas que venden como “eficaces”.

Al fin llegó el turno de la muchacha alta y de blusa morado, pasa, se espera, uno, dos, cinco minutos para que le digan que no puede ser vacunada porque ya cumplió su ciclo el año pasado, aunque siente miedo porque está confundida.

De lo macro a lo micro

En el ambulatorio rural la Libertad I, vía hacia la comunidad de El Samán, todavía no llegaban las vacunas, pero luego de las diversas movilizaciones protocolistas, y algunas jornadas realizadas por los organismos de Salud del Estado, la enfermera va cada lunes a buscar la inmunización en el Hospital Central Dr. Enrique Tejera (CHET), pero siempre hay una calichosa voz que dice: pase más tarde, a eso de las diez. Es el encargado de vigilancia del ambulatorio que ésta vez se lo dijo a una señora que reclamó tenía que trabajar, y acudía temprano al centro de salud para ser atendida; al mismo ritmo el señor de la gorra a quien le dicen Dimas le respondió que “éste lunes sólo llegaron 10 y se aplicaron a los niños y mujeres embarazadas”.

La señora salió del ambulatorio y afuera mientras esperaba un autobús, se encontró con una enfermera que salía del centro de salud, le hizo la pregunta y le dio la misma respuesta, por lo que terminó por enojarse, alegando que solamente “niños y mujeres embarazadas” no hacen la patria, pero la enfermera dio la espalda y se fue a comprar un caramelo en el puesto de teléfonos de la esquina.

En un mismo día y al mismo son, van multiplicándose los casos de apatía y la falta de solidaridad, acompasados con los diftéricos… y en algunos lugares del país, hay quienes todavía se preguntan ¿cuánto tiempo más estaremos a la buena de Dios? Porque los hombres de la patria ya no saben dar buenas respuestas.

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