El final de la película: séptimo arte hecho libro

Con la exposición de varias novelas firmadas por autores venezolanos, durante la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC), la cultura del país se eleva y demuestra que existen muchos diamantes en brutos escondidos por las calles de Venezuela.

Julio Alcalá

Redacción El Mangazo Web| Menena Cottin es una diseñadora gráfica y escritora venezolana, entre sus diversas obras para niños, destaca El libro negro de los colores, el cual está ilustrado por Rosana Faria. A su vez, ha sido traducido a 16 idiomas y ha ganado premios internacionales por la capacidad que posee para mostrar el mundo a los lectores jóvenes que no pueden ver. 

Entre sus libros para adultos, resaltan La Nube y la crónica Cierra los ojos, ambas publicadas por la editorial Dahbar Narrativa. Sin embargo, en esta oportunidad hablaremos de El final de la película, en el cual podemos ver el mundo del cine desde una perspectiva diferente.

La historia nos presenta a Lucas, un niño que ha cumplido siete años y ya tiene “uso de razón”. Él es uno de esos venezolanos que está creciendo en otro país del mundo y considera que Venezuela es el país de sus abuelos. Sin embargo, sus padres intentarán hacerle comprender mejor las cosas mediantes el oficio que comparten y por el cual Lucas siente gran interés: el cine. Nos encontraremos con un documental en el que los abuelos y bisabuelos del niño serán los protagonistas, contando anécdotas divertidas y otras un poco serias y dolorosas.

El libro está contado en forma de guión, lo que hace que sea más dado y llevadero. Si bien Lucas es nuestro protagonista, son sus abuelos y bisabuelos quienes nos acompañan por las diferentes páginas que conforman esta historia maravillosa. Por otro lado, está la familia de la madre de Lucas, la cual es divertida y simpática. Cualquiera puede congeniar con ellos, pues son agradables en todos los sentidos. Como cada uno de los personajes del libro, la familia Linares Soto se concentra en darnos una enseñanza, en este caso son reflexiones sobre el amor en pareja.

Aunque todo es más interesante cuando se trata de la familia Lander Angeli, porque esconden un secreto muy doloroso, el cual nos hace plantearnos muchas preguntas y refleja a muchos ciudadanos de Venezuela.

Lo más divertido del libro son las referencias a diferentes películas, actores, cantantes y canciones. Menena Cottin hace que desees conocer sobre la cultura del cine y todo lo que se relaciona con este. Podríamos decir que su escritora es sencilla, pero buena. Con cada palabra leída, quieres leer más y más.

“Surgió cuando me tocó convivir con unos padres muy longevos e intelectuales, una pareja que tenía muchos intereses, una vida interior impresionante. Personas de más de 90 años de edad que vivieron una cantidad de cambios en un país. Entonces, yo me convertí en madre y abuela. Me llamó la atención cómo la nueva generación convivía con la anterior. Hablo de cuatro generaciones y de cómo un niño influye en su bisabuelo y viceversa. Eso antes no sucedía porque las personas no vivían tanto. Por eso quise tratar el tema”, comentó la autora para El Nacional.

Uno de los puntos claves es la efectividad que tiene la autora para tratar temas que aún se consideran tabú en diferentes partes del mundo. Cottin lo hace de una manera dulce y honrada, que hace sentir al lector muy cómodo.

“Como en cualquier obra de arte, el resultado suele ser una mirada de uno mismo en el espejo” (extracto del libro).

Las frases de El final de la película son potentes y, en varias ocasiones, aluden a metáforas del séptimo arte, algo original e ingenioso. Tras adentrarte en la historia, te encariñas tanto con los personas que, al llegar a la última página, puedes experimentar un sentimiento de nostalgia por tener que cerrar el libro.

Sin duda alguna, Menena Cottin podría convertirse en la autora favorita de muchos jóvenes  y adultos. La editorial Dahbar Narrativa también ofrece a los lectores otras obras en diferentes géneros (narrativa, historias personales, manuales y recuperaciones), en las que destacan nombres como “Adiós Miss Venezuela” de Francisco Suniaga o “Barrio Bonito” de Luis Freites.

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