El líder y el camino correcto a seguir

Debe aclararse que el ejercicio del líder no encierra en él todo el poder, sino que el resto del grupo actúa a su manera para dar forma a los fines perseguidos, aunque el líder tenga la última palabra, esto determinará su éxito o fracaso.

Carlos A. Rodríguez

Redacción El Mangazo Web| El liderazgo puede definirse como el conjunto de habilidades, o cualidades directivas que posee un individuo o grupo de ellos, que pretenden influir sobre otros. Según muchos autores es determinado por la sumisión de esos otros, ante la voluntad de uno solo.

Max Weber (Filósofo y sociólogo alemán) destacó tres tipos de liderazgo concretamente: Liderazgo legítimo; aquel que se da a través de las leyes o normas establecidas a través de un proceso autorizado (elecciones populares por ejemplo), luego tenemos el liderazgo tradicional; el cual se obtiene por herencia (costumbre), bien sea por que se pertenece a determinado grupo social o grupo religioso (Por ejemplo los reinados), y por último el liderazgo carismático; que sólo se halla en aquel líder capaz de inspirar entusiasmo, quien posee la habilidad de transmitir adecuadamente sus emociones, siendo incluso ejemplo a seguir por el público. Son motivadores y egocéntricos por excelencia. Entendido esto, ya sabemos que el liderazgo puede presentarse en varias formas, aunque el mero hecho de su ejercicio hará que varié su clasificación.

Previamente, los griegos ya hablaban de los buenos deberes del gran líder, Platón en su diálogo “Gorgias”, escribe en palabras de su maestro Sócrates:

“El líder ha de trabajar para mejorar las almas de los ciudadanos. La grandeza del hombre de Estado, no consiste en satisfacer sus propios apetitos, sino el lograr, que se introduzcan la justicia, la prudencia y las demás virtudes en el corazón de los ciudadanos”.

Esto nos da razón a entender nuevamente, que el buen líder es quien orienta a través de los métodos adecuados a quienes dirige, para lograr los objetivos propuestos (en el ámbito político).

Más allá de todo lo citado anteriormente, nos encontramos con una realidad cruel con la que Platón no cuenta en su escrito. Y es que no siempre el liderazgo se ejerce con el objetivo de lograr mejorar a los ciudadanos o sus vidas (como debería ser en un Estado de Justicia), sino que muchas veces se ve viciado justamente por apetencias personales, lo cual desvirtúa su labor como líder, sea de manera autocrática o “democrática”, se pierde del objetivo de orientar para lograr beneficios grupales, sino más bien individuales, saliéndose de la senda del convencimiento para un bien mayor, y caer en las redes de la manipulación.

Si colocásemos la aseveración del filósofo griego en contraste con el comportamiento de los partidos políticos de nuestra nación, ¿no les parece algo contradictorio? Ya al margen de la política, podemos decir que el líder está en ese puesto para los otros, porque tiene un objetivo por el cual fue elegido y se supone puede cumplir.

Para Agustín de Hipona el liderazgo es el propósito de mejorar la vida de aquellos a quienes lidera. Se puede notar como en esta frase, se nos presenta el liderazgo inspirador (Que no es cosa nueva, aunque muchas frases como estas en la actualidad lleven la firma de algún gurú motivacional), y es que justamente el punto en que coinciden estos motivadores con los filósofos, es la clave de que el éxito del líder consiste en ayudar a realizar el éxito de los otros, básicamente su fin es generar más líderes, no seguidores.

Ahora que conocemos como debe ser un líder. La pregunta que debe andar rondando la cabeza de más de uno, es ¿cómo se hace un líder?, esta es una polémica eterna, entre si este nace o se hace. Y al sentir de este humilde redactor; son ambas.

Existen personas que poseen de manera natural la capacidad de influir en otros a través de su carisma, dándoles una herramienta para lograr adquirir liderazgo. Así como otros casos muchos líderes son aquellos que estudian, se preparan en determinada disciplina para poder mejorar sus habilidades y poder sobresalir y alejarse del montón. En consecuencia, si alguien deseara ser líder, debe trabajar por desarrollar en sí mismo, las cualidades que necesita para poder alcanzarlo, porque nadie dijo que sería tarea fácil, sólo tergiversaron las concepciones de la cosa.

En nuestro mundo Occidental moderno, ha despertado una nueva ola de anti-líderes, que proclaman la dirección, sin liderazgos explícitos, sino a través de la cooperación grupal. Lo cual sería negar la necesidad biológica de un orientador para que guíe nuestro camino, rasgo evolutivo que tiene su origen en el inicio de los días del hombre, con la conformación de las tribus.

El líder es necesario para elegir el camino indicado en el momento preciso y ante situaciones difíciles, mientras los otros se encargan de llevar el ritmo de vida y las cosas básicas que la componen con normalidad. Nuestra realidad nacional actual, se percibe una ausencia de liderazgo abismal, los viejos líderes han perdido su brillo y no se asoma una imagen nueva con una propuesta prometedora, aunque de hecho sea en ese detalle, donde menos se detiene la gente a pensar cuando vota por algún candidato.

Por el contrario, en este caso en nuestro país se ve más marcada la pauta electoral, por el liderazgo carismático (or las características personales de a quien se elige y no por su proyecto político), de ahí el dicho que “cada pueblo merece el gobierno que tiene”, lo que se refiere a que se actúa por emoción o impulso, en vez de usar la razón y la coherencia.

El liderazgo que nos hace falta, debe construirse y deber ser del tipo transformador, para que pueda solucionar con éxito los problemas que aquejan el panorama. Por eso el líder de nuestros días, debe ser formado en general, debe ser inteligente, extrovertido, competente, confiable y de mente práctica. Debe tener conocimiento de aquellas materias que normalmente no se toma en cuenta, pero que son justos esas que enseñan a pensar mejor y conocer más a las personas.

Ese líder necesita más que nada de un barniz (a lo menos) de filosofía, la cual invita a detenerse y reflexionar. Que a su vez ofrece un amplio conocimiento histórico de la evolución y desarrollo del pensamiento del ser humano, además de la respuesta a las preguntas más frecuentes que se han hecho a través del tiempo. Ya que no puede existir liderazgo sin análisis previo, sin un proceso de reflexión (cosa que abre paso a la mayor parte de los errores cometidos a través del tiempo, la falta de análisis anticipado).

En síntesis, el líder de nuestros días, debe ser no sólo capaz y preparado, sino; responsable, reflexivo y abierto al diálogo con los otros. Debe saber escuchar y compartir, para lograr hallar las soluciones a los problemas junto a los otros (Aunque esto haga referencia en cierta manera a la idea de Platón del “filósofo rey”, lo cual es utópico y básicamente inalcanzable) sí pueden tomarse estos rasgos para ayudar a modelar la figura de buenos y mejores líderes (aunque no sean del todo perfectos, igualmente, nada o nadie, lo es).

Haré una pequeña reflexión, si nota que hace falta un líder, no pierda tiempo buscando y conviértase usted en uno. Queda de su cuenta decidir si prefiere estar entre los que aplauden o los que son aplaudidos.

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